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Los recuerdos del primer campeón

A propósito del 32º aniversario de la obtención del Torneo de Primera División de 1984, conversamos al respecto con nuestros Vitalicios y con Miguel Ángel Lemme, integrante del plantel campeón.

El 23 de diciembre de 1984 es una fecha que está marcada a fuego en el corazón y la memoria de la familia de Argentinos Juniors. Ese día, tras superar a Temperley por la mínima en el estadio de Ferrocarril Oeste, el equipo obtuvo el primer título de la Primera División profesional de su historia. Convencidos de que la Historia no es solamente una serie de duros datos estadísticos compendiados y repetidos sin más, apelamos a la memoria emotiva de nuestros muy estimados socios vitalicios, con quienes pudimos compartir un momento muy ameno rememorando este grato acontecimiento. En esa ocasión, además, contamos con la halagadora presencia de Miguel Ángel Lemme, futbolista integrante del plantel campeón, quien también nos transmitió sus vivencias a través de su testimonio.

“La alegría más grande para el hincha”

Nuestros amigos del Rincón del Vitalicio guardan una infinidad de anécdotas variopintas, tan entrañables como divertidas y emotivas sobre aquella memorable temporada. Concentrándonos en lo deportivo, hay unanimidad en reconocer esas virtudes ofensivas y esa firmeza que caracterizaron tanto al plantel y quedaron en la memoria colectiva (y, por supuesto, se plasmaron en los resultados), y en recordar el profundo orgullo que se sentía al ver que Argentinos no solamente ganaba, sino que además lo hacía como lo indica su esencia y su identidad, despertando la aprobación por parte de la prensa y del público futbolero en general, que se acercaba en masa a ver al equipo como ocurría en la época de Maradona. A la hora de elegir a sus jugadores favoritos, si bien hay algunos que señalan su preferencia por la calidad del “Panza” Videla, por la entrega y el oficio del “Nene” Commisso o por el carácter de patrón y referente del “Checho” Batista, todos coinciden antes que nada en decir que la verdadera figura era el equipo en sí, plagado de futbolistas en su mejor momento en todas las líneas, y garantía de entrega, goles y buen juego.

Donde sí hay algunas discrepancias es a la hora de rescatar un partido de ese torneo, alguno donde hayan sentido que la primera consagración en el fútbol profesional era una posibilidad certera. Están quienes se regodean con la goleada por 5-1 a Boca en el estadio de Gimnasia y Esgrima de La Plata, quienes destacan un 2-2 ante San Lorenzo (jugado como visitante en cancha de Atlanta en la 33º fecha), quienes se quedan con la gloria del encuentro decisivo ante Temperley y, por último -la mayoría- que rescata el agónico empate ante Unión en Santa Fe en la penúltima jornada, decisivo para mantener las aspiraciones de campeonato, teniendo en cuenta que Ferro estaba en franca levantada y venía corriendo de atrás con serias posibilidades de alcanzar a Argentinos.

En lo relativo a las sensaciones y las emociones que sintieron tras la obtención de la primera estrella, por supuesto que priman el orgullo y la alegría, conjugados con una satisfacción enorme y con la tranquilidad de haber visto semejante sueño cumplido. Tras largos años de penas, luchando primero en Segunda y luego en Primera división, siempre pujando por mantener la categoría y más allá del subcampeonato de 1980 y de la brillante campaña de 1960 (equipo que los más memoriosos nunca dejan de destacar, considerando que fue incluso mejor que el aquí aludido), Argentinos finalmente se integraba en el selecto grupo de los campeones de Primera División, ganando de punta a punta un torneo largo y exigente, verdadera carrera de regularidad. Y no sólo eso, sino que parecía llegar para consolidarse allí, a la vez que arrancaba elogios de todos los sectores de la prensa y de los hinchas de distintos clubes, incluso de los rivales. La hermosa sensación de ganar siendo los mejores indiscutibles, de estar a la altura de los más grandes equipos de la historia, y de mantener una línea propia, tan vistosa como exitosa, en una de las épocas con mayor profusión de grandes equipos en el fútbol argentino como lo fue la década de 1980. 

La voz del plantel

Miguel Ángel Lemme, habitual recambio en el mediocampo del campeón, coincidió con los vitalicios en la imposibilidad de escoger una figura entre los futbolistas de ese equipo. Para él, la principal virtud de ese grupo era que habían podido constituirse en una verdadera hermandad, siendo habitual estar juntos en muchísimos momentos más allá de los compromisos y las concentraciones. En su tiempo libre, solían disfrutar de asados y reuniones, sobre todo en casa de “Quique” Vidallé. Se había hecho realidad la dinámica grupal que Ángel Labruna había soñado. 

A propósito del “Feo”, artífice de su llegada al club, el “Turco” lo reconoce sin atisbo de duda como personaje fundamental en el cambio decisivo en la historia de Argentinos que se dio a partir de ese título, sin desmerecer el importantísimo aporte que Saporiti hacía desde el banco. También, recuerda con orgullo la convicción de él y sus compañeros respecto de la idea de juego y la forma de ponerla en práctica, con la confianza en que la intensidad y la insistencia en atacar y desbordar a través de los extremos resultaba letal para los oponentes. Es allí donde Miguel ve el sello distintivo de ese equipo: en el vértigo ofensivo, bien respaldado por una defensa de mucho oficio y un mediocampo por demás confiable, articulado a partir de Sergio Batista.

Coincidiendo en la idea de que ese plantel tenía varias figuras en cada línea, algunos referentes de más edad que mantenían la unidad y el ambiente distendido y comprometido por igual del grupo, sumado a las ganas y el talento de los más jóvenes, el “Cabezón” recuerda con orgullo su paso por el club, que coincidió con los años de mayor éxito a nivel deportivo, convencido de que fueron los mejores de su carrera y los que tuvieron la mayor influencia positiva en su carrera como futbolista profesional.

Testimonios: El Rincón del Vitalicio y allegados, y Miguel Ángel Lemme.

Referencias estadísticas: Consultadas en RSSSF.com. Créditos: Pablo Ciullini.